Erase una vez una princesita que quería ser diferente al resto y sabía que eso de estar sobre la torre de colchones estaba muy visto, ella marcaría la diferencia, ella cambiaría el orden. Con lo que no contaba era que su torre de colchones había acompañado a muchas princesas antes y un intenso olor a chotuno hacía imposible respirar ahí adentro. Pero ella no se rindió por esto, sabía que para molar hay que sufrir y qué importaba pillarse una tortícolis si de todos modos ya la llamaban princesa Tontículi.
Otro día contaremos el cuento de su amigo, el Fantasma de las Bragas Rotas.
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me queda energía mental...ni siquiera señas del sincero deseo
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